6 Septiembre 2006
DOCENCIA : ¿ARTE O CIENCIA?
1. Quisieras que tus alumnos fueran de determinada manera. Empieza tú por SER —por esforzarte en SER— así.
2. No saben nada, no obedecen, no tienen educación... Son frases que se oyen a menudo en la Sala de Profesores. Lo más adecuado sería terminarlas así: Es natural; para eso estoy yo aquí: para enseñarles mi asignatura, mis modales...
3. Una fórmula que no falla: Enfado sin control = Fracaso pedagógico.
4. Preguntas a un alumno y contesta mal. Entonces, irritado, dices: “Es intolerable; te lo he explicado mil veces”. Bueno, vamos a suponer que es verdad, que lo has explicado mil (!) veces. No te importe. Explícalo una vez más. Y no pierdas el tiempo enfadándote.
5. Cuando hagas tu plan de trabajo procura que el alumno haya de gastar en material lo menos posible.
6. Sé realista al proyectar. Ten en cuenta las limitaciones de los alumnos, del Centro, y las tuyas propias.
7. Al proponer ejercicios, ten en cuenta dos cosas: Las posibilidades que tengan los chicos de resolverlos y el tiempo que hayan de invertir.
8. Castigo colectivo, castigo contraproducente.
9. No digas nunca: “Voy a decirle al Director”. ¿Es que tú no tienes autoridad y competencia?
10. ¿Pero cómo quieres que los alumnos tengan responsabilidad a largo plazo? No les hables de Junio ni de los exámenes —por lo menos, no les hables demasiado de ello—, sino procura estimularles para que cumplan “hoy” y “ahora” su deber.
11. Si consideras desacertada alguna sugerencia o encargo de Dirección, tienes el deber de exponerlo para que se modifiquen.
12. Piensa que en el Centro hay más profesores que tú y más alumnos que los tuyos y más asignaturas que las tuyas y más problemas que los tuyos.
13. El profesor necesita tener, entre otras, dos cualidades fundamentales:
a) CAPACIDAD DE COMPRENSIÓN DEL ALUMNO
b) NERVIOS DE ACERO
14. El alumno no es un autómata: no puede “comprender” ni “obedecer” instantáneamente y a la velocidad que el profesor pretende a veces. Su tiempo de reacción es bastante irregular y, desde luego, distinto del que tiene el adulto.
15. No está de más acostumbrar a los alumnos a obedecer automáticamente en algunas cosas —si se da uno arte en ello, incluso les gusta y les divierte— p.e.: sentarse al entrar en clase o levantarse al terminar, o para salir del aula, o para preguntar...; pero, en lo demás, es conveniente que el alumno comprenda por qué se le pide aquello y cuánto le conviene hacerlo.
16. Síntomas inequívocos de que el profesor antepone su comodidad al interés por el alumno son los siguientes: el grito estentóreo, la expulsión del alumno de clase, el mandar un castigo para casa, el enviar al chico al Jefe de Estudios o al Director sin que medie una causa suficiente, etc.
17. Antes de adoptar en clase una actitud violenta conviene reflexionar. Y después, no adoptarla.
18. La mayoría de las veces será más eficaz una salida de humor —cuidando que no humille al interesado o interesados— para zanjar un problema de disciplina en que el profesor haya de intervenir, que un “sermón” en regla.
19. Los alumnos no pueden mantener la atención tensa durante mucho rato. Conviene ayudarles a relajarla tres o cuatro veces a lo largo de la clase: un chiste oportuno, algún ejemplo muy concreto que pueda divertirles, un simple desentenderse un poco de la clase para que puedan moverse y hablar algo mientras copian algo de la pizarra o repasan las notas tomadas o los ejercicios que acaban de realizar... puede ayudar mucho para aquél fin. Pero hay que saber centrar la atención en cuanto queramos.
20. Hay que extirpar de nuestras aulas, discreta pero firmemente; la “soplonería” y la mentira.
21. Los alumnos son personas. Hay que sentir por ellos un respeto profundo.
22. Si nos esforzamos por sonreír y ser amables con una visita que nos molesta, ¿por qué no hacer lo mismo con los alumnos en lugar de reaccionar ante ellos con una actitud que cuidaríamos mucho de evitar con una persona mayor? ¿No se da aquí, entre otras cosas, un abuso de autoridad?
23. Explicar una clase sin prepararla previamente, planteándose los problemas didácticos oportunos, es poner un gran porcentaje de posibilidades para que la clase sea ineficaz o contraproducente.
24. Si se piden a los alumnos los cuadernos, ejercicios; trabajos; etc. para revisarlos, hay que revisarlos efectivamente. Y demostrar a los chicos que se han revisado.
25. Si se acierta a distribuir bien el tiempo de las clases —explicación, ejercicios, diálogo, estudio, etc. — y se conserva ese orden bastante tiempo, se logrará gran eficacia con poco esfuerzo.
26. Es más eficaz decirle a alguno que se quede después de clase para hablar con nosotros y, entonces, hacerle a solas las reflexiones que creamos oportunas, que corregirle más o menos airadamente en público.
27. Hay que procurar que todos “vivan” la clase.
28. No esperes conseguir que tus alumnos hagan bien las cosas porque les hayas dicho una vez cómo han de hacerlas. Tendrás que insistir.
29. Plantéate el problema de cómo quieres que los chicos hagan su trabajo y qué tipo de material han de usar. Piénsalo detenidamente Toma una determinación. Dedica la primera clase del curso a explicárselo a tus alumnos. Vigila más de cerca los primeros días si siguen tus indicaciones. Y corrige lo que sea preciso corregir.
30. Procura aprenderte pronto los nombres de los alumnos y conoce sus caracteres, reacciones, ambiente, etc.
31. Cuida que tus alumnos se esmeren en la presentación de los trabajos que les encomiendas.
32. Si eres profesor de carácter literario, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos claridad de concepto y exactitud de expresión.
33. Si eres profesor de una asignatura de carácter científico, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos corrección ortográfica y esmero literario.
34. Cuando un alumno, en lugar de un ejercicio, te presenta un “churro” es absurdo e ineficaz que te enfades con él. A lo mejor — a lo peor— nadie le ha dicho antes cómo tenía que hacerlo.
35. El objeto de pedir a los chicos dibujos, problemas, etc. no es hacer colecciones, sino darles ocasión para aprender con más facilidad.
36. No se trata de que al final del curso hayas recogido X cuadernos, mapas, etc., de cada alumno, sino de que cada alumno vaya haciendo esos trabajos a través del curso.
servido por Pablo Francisco
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5 Septiembre 2006
LA DIRECCIÓN DE UNA CLASE
La dirección consiste en la “supervisión y control sobre los alumnos con el propósito de crear y mantener una atmósfera sana y propicia a la atención y al trabajo mental intensivo, desarrollando en los alumnos hábitos fundamentales de orden, disciplina y trabajo, inculcándoles sentido de responsabilidad”
Objetivos que se pretenden:
Inmediatos:
1.- Asegurar el orden y la disciplina necesarios para poder realizar adecuadamente el trabajo del aula.
2.- Garantizar un mejor aprovechamiento del tiempo gracias al orden y disciplina.
3.- Conseguir las condiciones materiales necesarias para que la atención y el estudio sean eficaces.
Mediatos:
1.- Adquirir sentido de responsabilidad que lleven a los alumnos a cumplir sus responsabilidades.
2.- Fomentar actitudes de sociabilidad, respeto y colaboración.
3.- Inculcar el amor al trabajo.
4.- Actuar con honestidad, veracidad, lealtad y delicadeza.
Formas que se puede adoptar en la dirección de la clase:
• Forma correctiva: cuando el profesor tiene una actitud permanente de castigar las faltas cometidas, castigar mediante amenazas, expulsiones de clase, calificar con ceros. Esta forma suele ser antipedagógica.
• Forma preventiva: anticiparse a las posibles infracciones, esto supone tener prevista la casuística con el objeto de tener regulada la vida del colegio. Esta forma a veces no desarrolla el sentido de responsabilidad del alumno.
• Forma educativa: formar a los alumnos para el autogobierno y la autodisciplina consciente en su trabajo. De esta forma el profesor es educador, líder que conduce a los alumnos por la vía de la comprensión, persuasión, buenos hábitos. El orden y la disciplina se vuelven conscientes, originando responsabilidades conjuntas entre alumno y profesor.
Normas para la dirección de la clase:
• Desarrollar la clase con seguridad y firmeza.
• Tratar a los alumnos con respeto, consideración y amistad.
• Resolver las dudas en el menor tiempo posible.
• Criticar o amonestar a algún alumno, cuando sea necesario, siempre en privado.
• Aceptar indicaciones de los alumnos cuando sean razonables, o discutirlas en caso de ser improcedente.
• Aclarar y repetir varias veces lo que se desea de los alumnos.
• Evitar las ironías con los alumnos.
• Dar instrucciones precisas y explícitas sobre lo que se desea que el alumno ejecute en clase.
• Establecer un criterio de trabajo en clase: recogida de deberes, corrección de los mismos, orden a seguir en las actividades a realizar.
• Tener siempre ocupados a los alumnos. El profesor debe desde el principio trabajar con todos los alumnos, ocupando la atención de todos dándoles tareas definidas e inmediatas. Después atender a los problemas individuales. Fomentar la participación activa de la clase en la corrección de los deberes en la pizarra y no de unos cuantos aislados.
El profesor debe evitar:
• Demorar el comienzo o terminación de la clase.
• Descontrolase delante de los alumnos.
• Atrasar la devolución de deberes o la indicación de las calificaciones.
• Actuar con precipitación.
• Abordar, delante de todos, asuntos privados con algún alumno.
• Criticar el trabajo de otros profesores.
Del libro “Técnicas y recursos para el desarrollo de las clases”
Capítulo VII - Autor: José Bernardo Carrasco – Edit. Rialp
servido por Pablo Francisco
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4 Septiembre 2006
CONCEPTO DE DISCIPLINA
En educación, la línea de trabajo más fecunda y fructífera equidista de estos dos extremos: el despotismo del profesor o la anarquía de los alumnos. Tanto la arbitrariedad y la prepotencia como la insubordinación y la anarquía son perjudiciales para la auténtica educación.
Toda organización social, para sobrevivir y para progresar, necesita un adecuado régimen disciplinario. Cuando en la escuela, en tanto organización social, los alumnos conciben propósitos definidos de estudio, bajo la dirección y la orientación hábil y delicada de profesores competentes, y son guiados hacia la realización de trabajos interesantes y de tareas que conducen al fin deseado, asumen espontáneamente una actitud de orden y disciplina. Es la disciplina interior, engendrada por el trabajo consciente, con propósitos definidos, en un ambiente de comprensión, simpatía, cooperación y sana diligencia.
La escuela tiende a formar el carácter, es decir, a enseñar al hombre a disciplinarse. Pero la disciplina no es solamente finalidad de la escuela, sino también un medio, como momento mismo de la obra educativa. La escuela, de suyo, tiene necesidad de disciplina. En el período en que el alumno no se sabe gobernar por sí mismo, el ambiente debe ayudarlo, o mejor aún, debe actuar por él, proporcionándole el modo para obtener el equilibrio de sus fuerzas que todavía no sabe mantener por sí. Por tanto, el alumno deberá encontrar en la escuela el equilibrio estable de gobierno que todavía no posee por entero y que es la condición sine qua non para un desarrollo tranquilo y firme de sus capacidades.
Si, además, la escuela es el ambiente propicio para el desarrollo de la personalidad del alumno, se ha de tener presente que el primer elemento de tal ambiente es la presencia del educador, que es el que guía el desarrollo del educando. Lo cual no puede realizarse si no se advierte a cada instante en el profesor a la persona que es capaz de neutralizar los desórdenes y las interferencias de instintos y tendencias, y que puede y debe equilibrar las facultades del alumno.
De lo expuesto no debe afirmarse que la disciplina se identifique con la acción negativa y constrictiva ejercida por el educador con una serie de negativas opuestas al alumno. Indudablemente, la disciplina puede presentar, en algunas formas y en algunos momentos, los caracteres de una acción negativa y represiva; pero en su esencia consiste en una función unificadora y equilibradora. En efecto, la disciplina es la acción por la que las experiencias fragmentarias e incluso contradictorias del educando son concretamente orientadas, en una línea unitaria y según un principio constante. De ahí que la dignidad de la personalidad humana y los valores morales de que se halla constituida deben ser la norma suprema que guíe la actividad desplegada por el educador. Por tanto, no se trata de una norma impuesta por el educador al alumno y sufrida por éste en forma pasiva, sino de una norma que gobierne al profesor y alumno y dirija y unifique el obrar de ambos. En el maestro esta norma es consciente y libremente querida; en el escolar pequeño no; pero, precisamente por esto, la norma se traduce en disciplina, esperándose en el mandato con el que el educador indica en cada caso el mejor modo de obrar según la norma. En los comienzos, el educando lo ejecuta sin conciencia clara de la ligazón entre el mandato particular y la norma; pero, poco a poco, ejecutando los mandatos, el alumno empezará a entrever, a sentir y, por consiguiente, a querer la norma que los inspira, de la que sólo entonces adquirirá conciencia: éste es el momento en que la disciplina se transforma en autodisciplina.
CONDICIONES FUNDAMENTALES DE LA DISCIPLINA
El problema de la disciplina atañe, de hecho, a la esencia del hombre, y de ella acaso resulten actitudes fundamentales con relación al comportamiento social e individual, ya que implica una filosofía de la vida.
En síntesis, podrían reducirse a cinco las condiciones básicas de la disciplina:
Primera: Respeto al alumno. Sin considerar al alumno como persona que merece todo respeto no puede haber disciplina adecuada en la tarea educativa. El escolar no puede ser mirado como un simple número ahogado o sometido a la forma de comportamiento que subjetivamente le queramos imponer. El alumno debe ser respetado en sus prerrogativas personales, asistido con atención y orientado a actuar responsablemente.
Segunda: Esclarecimiento y persuasión. Hay que esclarecer y persuadir al alumno de que toda comunidad precisa de normas que alcancen a todos, a fin de garantizar el orden y la supervivencia en sí misma, así como para que existan las condiciones de respeto y justicia que permitan una vida comunitaria. En consecuencia, de la manera como se desenvuelva la vida dentro de la escuela van a surgir las raíces del tipo de comportamiento cuyo descubrimiento también favorece la disciplina.
Tercera: Escuchar las razones del alumno. El alumno debe ser escuchado acerca de sus dificultades escolares y personales, para que la escuela pueda, poco a poco, ajustarse mejor a los fines que se propone. Se requiere modestia y humildad por parte de los educadores y de la escuela como conjunto para adaptarse, realmente, más a sus discípulos. Esto no debe confundirse con un mero ofender la voluntad del alumno, sino que indica una reflexión de sus problemas humanos para intentar darles una solución.
Cuarta: Atender las razones de la escuela. También la escuela, como comunidad, tiene sus exigencias mínimas sobre sus miembros, para que la vida en común sea posible. Se hace necesario, pues, coordinar las razones del alumno con las de la institución escolar, dado que ésta existe para todos los alumnos y no para uno en particular.
Quinta: Realización y participación. Las actividades escolares deben ser orientadas en el sentido de la realización y participación. A través de la realización, el alumno pasa a ocuparse de alguna cosa; a través de la participación, se siente corresponsable, junto con los compañeros y el profesor, empeñados todos en una tarea común. El profesor, procediendo así, puede insinuarse frente a sus alumnos como un auténtico líder, formado y sustentado espontáneamente por su autoridad. Esta participación implica que las normas disciplinarias sean elaboradas conjuntamente por educadores y alumnos de cursos superiores.
TIPOS DE DISCIPLINA
Puede afirmarse que hay dos tipos de disciplina: la exterior y la interior.
Disciplina exterior
Es la que apela a la coacción, a la violencia y a las amenazas. Se trata de una disciplina artificial, de mero conformismo exterior a las normas y reglamentos y a las exigencias más o menos arbitrarias de los profesores.
Disciplina interior
Es la que fluye normalmente en un ambiente sano de comprensión y de buenas relaciones entre profesores y alumnos, así como de actividades y trabajos escolares interesantes y asociados vitalmente con objetivos valiosos y significativos para los alumnos. Resulta, pues, de la modificación del comportamiento, de la comprensión y conciencia de lo que cada uno debe hacer. Es fruto de la persuasión y de la adecuada orientación al alumno.
NORMAS DISCIPLINARIAS DE UTILIDAD
A continuación indico una serie de normas disciplinarias que pueden contribuir al mantenimiento de la disciplina necesaria para que los trabajos escolares se desenvuelvan con normalidad, y para que se forme el ambiente de seriedad, naturalidad y confianza necesario en cualquier clase. Hay que aclarar, no obstante, que estas normas son simples indicaciones, ya que los casos concretos —siempre originales— requieren constantes esfuerzos de comprensión y adaptación para que su acción se ajuste a la realidad que debe enfrentar.
Las normas o consejos que considero útiles para el profesor son los siguientes:
• Procurar ver a los alumnos como criaturas humanas—como personas— que necesitan ayuda y orientación, precisamente porque no están educados.
• Planear los trabajos de modo objetivo, adecuado y fun¬cional y no confiar demasiado en la improvisación.
• Mantener ocupados a los alumnos, pues nada provoca tanta indisciplina como el hecho de no tener nada que hacer.
• Evitar privilegios de clase. Estos desjerarquizan al profesor frente al resto del curso.
• Vigilar la clase en las pruebas o exámenes sin hacer alarde de una excesiva rigurosidad. Cuando se haya de actuar correctivamente, hacerlo con naturalidad, seguridad y serenidad.
• Estar al tanto de los problemas particulares de los alumnos, a fin de poder auxiliarlos u orientarlos cuando sea necesario.
• Aproximarse a los escolares en forma amigable tanto dentro como fuera de la clase.
• Respetar la manera de ser de cada alumno, encaminándolo, cuando se da el caso, hacia formas de aceptación social o valores morales.
• Ser firmes en las amonestaciones, cuando sea necesario hacerlas, pero que nunca trasciendan la línea del amor propio y sean, en lo posible, aplicadas en privado.
• Distribuir los trabajos de acuerdo con las preferencias, posibilidades y habilidades de los alumnos.
• Mantener un ambiente amable y alegre en las clases.
• Ser coherente, y no intentar justificar alguna incoherencia, para lo cual lo mejor es reconocerla y, honestamente, explicarla.
• Mantener y cumplir la sanción aplicada, a no ser que haya un grave error del profesor que justifique su cambio de actitud.
• Utilizar el castigo como llamamiento a la reflexión, explicando clara y explícitamente el porqué de la corrección.
• Evitar proferir amenazas que luego no se puedan cumplir por el desprestigio magistral que ello implica.
• No actuar en momentos de descontrol o ira.
• Localizar a los líderes del grupo y lograr que colaboren en la disciplina de la clase.
• Estimular más que echar en cara.
• Reconocer lo bueno que hagan los alumnos, sin caer en la exageración o en formas que parezcan o sean insinceras.
• Atender las diferencias individuales, tanto en los trabajos escolares como en las relaciones personales de los alumnos.
• Dar algo a los alumnos, y no sólo pedirles o exigirles cosas, de modo que una palabra oportuna, un gesto de asentimiento, una charla orientadora, logren un mayor acercamiento del profesor a ellos.
• Evitar las actitudes de burla y sarcasmo, ya que éstas alejan al profesor definitivamente del alumno.
• No sancionar a todo el grupo de escolares por la conducta de algunos.
• Ser sinceros y francos con los alumnos, debatiendo con ellos las formas de comportamiento tenidos como indeseables.
• No mandar nada que no sea estrictamente necesario.
• Comprender que la autoridad no se posee con el título o puesto, sino que se conquista mereciéndola.
BIBLIOGRAFÍA:
BERNARDO CARRASCO, J. (1980): Bases de la disciplina escolar, «Rey. Tertulia», Fomento de Centros de Enseñanza, núm. 40.
MArroS, L. A. (1974): Compendio de Didáctica General. Kapelusz, Buenos Aires.
SCIACCA, M. F. (1962): El problema de la educación, cap. VIII. Luis Miracle, Barcelona.
servido por Pablo Francisco
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22 Marzo 2006
Muchas veces me pregunto al andar entre las aulas, hoy ha sido uno de estos días, qué hace que unas clases estén más calmadas que otras. La respuesta siempre es la misma: ¿Quién esta dando la clase? Si les preguntas cómo lo hacen, muchas veces no saben que decirte.
Poco a poco en estos años que llevo de orientador en nuestra querida Secundaria Obligatoria he confeccionado una pequeña lista fruto de la observación y las conversaciones con esos compañeros que nunca ó casi nunca tienen dificultades, no solo para mantener el silencio sino que son capaces de lograr un ambiente de trabajo en el aula.
Obediencia a una normas y laboriosidad son dos ingredientes necesarios para lograr un ambiente de trabajo serio y exigente. ¿Pero cómo conseguir este clima de tranquilidad y exigencia dentro de clase? La experiencia nos enseña que sólo se logrará si los estudiantes más que tolerar las normas de clase, desean intensamente vivirlas. Es decir que quieran comportarse bien.
A menudo sucede que los alumnos tienden a traspasar los límites por un raro deseo de ir en contra o simplemente por llamar la atención de sus compañeros; pero en otras ocasiones la causa principal es que no han degustado las bondades de un ambiente en donde el estudio y el aprendizaje son en sí muy atrayentes.
Sin intentar ni de lejos sugerir una receta mágica, pienso que este ambiente se puede conseguir cuando se dan algunas condiciones que determinan un clima favorable.
• Esfuerzo personal del profesor por adquirir las virtudes que necesitan nuestros alumnos.
• Estar realmente entusiasmado de la materia que queremos que los alumnos aprendan. Este amor a nuestro trabajo trasmite muchas ganas de aprender.
• Lograr que los alumnos experimenten la sensación de éxito. Para ello,
darles las técnicas y datos convenientes para su mejor aprendizaje.
• Querer verdaderamente a los alumnos. Un alumno que se siente apreciado y comprendido por sus profesores conecta con su profesor hasta el punto de querer aprender con más ganas.
• Tener la humildad de reconocer nuestros límites y el afán de aprender cada día más.
• Conocer a fondo las características psicológicas de quienes tenemos a nuestro cargo. Ello nos proporcionará planes concretos para ayudarlos convenientemente.
• Un mejor aprendizaje se conseguirá logrando antes los hábitos que son como reforzadores de la voluntad, pues el aprendizaje requiere de esfuerzo.
servido por Pablo Francisco
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21 Marzo 2006
Esta mañana en la clase de las 9:00h, todos estaban en silencio. Al principio pensé que era estupendo, ni un ruido, ni un cuchicheo…Poco a poco me he empezado a sentir molesto con el silencio, un silencio típico del que está cansado incluso para hablar. Estaba incómodo, miraba a los alumnos buscando ese contacto visual y no lo encontraba. En mitad de una frase he dicho “… levantar la mano despacio aquellos que me está escuchando…” seis o siete han levantado la mano.
-Bajar la mano, gracias.
Tras unos momentos de auténtico silencio, de verdadero contacto visual en el que alguno lo rechazaban he preguntado
- Carlos ¿dónde tienes la cabeza?
- Aquí profesor ¿no la ve?
- En serio, ¿en qué estabas pensando?
- En nada, tenía la mente en blanco.
- ¿A qué hora te acostaste?
- A las doce y pico, estaba….pero de todas formas si me acuesto pronto no me duermo hasta las tantas.
Hay que dormir no las horas necesarias y en las horas adecuadas para dormir. Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo.
El ciclo circadiano, el día y la noche, nos hace funcionar desde un punto de vista hormonal, y es por eso que tenemos que dormir cuando no hay luz. “Hay una serie de hormonas, como la melatonina, que dejan de producirse con la aparición de la luz solar". Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo, explica el doctor Mesa. Y la neuropsiquiatra infantil Amanda Céspedes señala que la melatonina ayuda a mantener el sueño durante 8 ó 10 horas, activa los procesos de síntesis de proteínas y de recambio celular, y estimula la producción de endorfinas, que son hormonas del bienestar y el afecto.
Para la profesional, si se mantienen artificialmente la vigilia y la luz, la melatonina no se produce y tampoco las endorfinas; además sobreviene el insomnio, pues la melatonina también es la que induce a dormir de noche.
A todo esto se une lo fundamentales que son desde el punto de vista fisiológico y psicológico, las horas que van desde las once de la noche a las tres de la mañana, porque en esos momentos el organismo requiere una actividad mínima, tanto de alimentación como de actividad física o mental. Los desarreglos del sueño son producto de no controlar los horarios del viernes, sábados y domingos. Son tres noches seguidas sin control.
Me gustaría decirles a los padres de Carlos que su hijo tiene insomnio, quizás no o sepan, y que es muy posible que esté producido por que Carlos no tiene un horario de acostarse fijo los viernes, sábados y domingos. No se trata de no tener clase o trabajo al día siguiente como hemos visto, se trata de que hay unas horas digamos que adecuadas también para dormir, que no dormimos de noche por que no se ve y antes no existía la luz eléctrica.
servido por Pablo Francisco
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17 Marzo 2006
Os propongo dos puntos de vista muy distintos a la hora de enfrentarse a la expulsión de un hijo.
Copio una redacción de un alumno de 4º de Primaria que es un ejemplo vivo de cómo se puede aprovechar una expulsión para educar a un hijo.
“Cuando mi madre me recogió el viernes del colegio, le dije muy triste que tenía una noticia muy mala: “me han expulsado” y otra muy buena porque había sacado un (10) en lengua. Al llegar a casa y explicarme mi madre lo grave que era el asunto, me dio la lista de castigos y tuvo que acostarse por que se encontraba mal. Los castigos son: 15 días sin televisión, que es lo que más me gusta; sin partido de balonmano; sin tenis y en Semana Santa sin ir al pueblo y sin montar a caballo que es mi pasión.
Cuando me dieron la carta de expulsión, no me lo creía, pensaba que soñaba y también pensaba en el disgusto de mi madre. Cuando llegué a casa todos estaban preocupados.
El sábado…para el lunes, mi día de expulsión, mi madre me había dejado preparado un horario para cumplirlo:
- Levantarme a las nueve.
- Desayuno de 9:00 a 9:30.
- 9:30 a 10:00ordenar mi habitación.
-10:00 a 10:45 mates estudiar.
- 10:45 a 11 descanso, piano, etc…
- 11:00 a 11:45 estudio de cono.
- 12:00 ir con mi abuela al médico.
Volvimos a casa a las tres menos cuarto, terminamos de preparar la comida y comimos, yo ayudé a cortar salchichas para la pasta. Por la tarde llamé a un compañero para que me dijera las tareas.
Lo que he pensado es este día de expulsión es que voy a poner de mi parte todo para portarme bien.”
Copio un correo de una madre de un alumno de secundaria que es un ejemplo vivo de cómo se puede desaprovechar una expulsión para educar a un hijo.
Estimados todos,
Quería comentaros mi opinión sobre la expulsión de mi hijo, que nos fue notificada ayer a las 18 h. Lo primero de todo comentar que deberían notificar antes estas expulsiones para poder así organizarnos los padres. Pienso que estas expulsiones no sirven para nada, solo sirve para darle vacaciones al niño, el castigo nos lo ponen a los padres que tenemos que pensar que hacer con él en estos días y con quién dejarle mientas nosotros estamos trabajando. También le ponen el castigo en este caso a su hermano…que estará martes y miércoles en el cole a las 17h. sin que nadie vaya a recogerle ya que hasta ahora era el que se encargaba de llevarle en el autobús.
¿Por qué nos ponen este castigo? ¿Qué hemos hecho los padres? ¿Para que le sirve a el estas vacaciones? Si de verdad se ha metido con las profesoras el castigo que yo le pondría sería … y que se den cuenta de que las deben respetar. Serviría más seguro que pasarse en casa tres días zanganeando.
Muchas gracias por la atención prestada y saludos,
servido por Pablo Francisco
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16 Marzo 2006
Alfonso contaba divertido cómo un alumno que ha abandonado 3º de ESO al cumplir los 16 años, se pasó ayer por la tarde a dar una vuelta. Luis no quería seguir ni un minuto más estudiando, lo tenía claro -quiero trabajar.
-Hola D. Alfonso
-¿Que tal estas Luis?
-Ya ve, trabajando.
-Que bien y ¿a qué te dedicas?
- A salvar vidas.
Esta es la respuesta de Luis que nos contaba Alfonso divertido, a unos cuantos profesores que participamos de un suculento desayuno que ha preparado Pedro, al que esta semana le toca.
A todos nos parecía divertida la respuesta de Luis. Alfonso estaba esperando la pregunta que al fin llegó -¿pero en qué trabaja? Es la misma pregunta que Alfonso le hizo a Luis ayer.
-¿Pero en qué trabajas?
-Trabajo haciendo arneses de esos para colgarse en edificios y montañas.
¿Quién puede decir que Luis al sus 16 años no estaba preparado para trabajar? ¿Quién es capaz de aconsejarle que por ley puede seguir y promocionar una vez y otra hasta los 18 años?
Pienso que existen muchos Luises en las aulas de la ESO que a sus 16 años están preparados para el trabajo.
Cuando alguien es capaz de ver mucho más lejos de lo que ven sus sus ojos, cuando nos sentimos importantes con nuestro trabajo sea el que sea: se triunfa fijo.
- Otro compañero dijo: según Luis yo doy clase a universitarios.
Entonces ya no escuché mucho más. Me parece que debería de ser así, esforzarnos de tal modo que al llegar a clase viéramos, como hace Luis, mucho más que lo que ven nuestros ojos. Ver detrás de los alumnos una historia, un proyecto de vida por hacer. Esta forma de mirar puede ayudarnos a mejorar la calidad de la enseñanza.
Dentro de una hora tengo clase, voy dispuesto a entrar en la universidad de 2º de eso C.
servido por Pablo Francisco
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15 Marzo 2006
Llega un momento en la relación con otras personas, en que una mirada es suficiente para transmitir todo lo que en ese momento tienen dentro los protagonistas del contacto visual. Lo de “contacto visual” es deformación producto del deporte que practico, balonmano. En cualquier deporte, para darle a otro el balón, para coordinarse tiene que existir ese contacto visual, un instante en el que se “entienden” y los dos emprenden las acciones necesarias para culminar la jugada. Es necesaria la colaboración del otro.
En la relación profesor-aula también es necesaria la colaboración para llegar a rematar la jugada. Los profesores necesitamos de los alumnos para poder dar clase, no me refiero a que estén como una silla ó una mesa claro está. Necesitamos que nos escuchen, que participen, que nos miren, que nos pregunten, que nos lleven, que nos den pistas de por donde.
-¿Y si no quieren?
-Si no quieren no hay jugada. Me convierto en un chupón.
-¿Es que soy el que juega bien?
- Será así, pero no dejas de ser un chupón. Tú inicias la jugada y cómo tus compañeros son malos y no quieren colaborar, tú la terminas, tú eres el protagonista para bien ó para mal.
-¿Quién es el protagonista de la educación? El alumno. No le podemos dejar en el banquillo, sin ellos la educación no existe.
-En esta película resulta que el protagonista está en huelga de brazos caídos y los actores secundarios le tienen que convencer de que sea el protagonista.
¡Qué tiempos!
servido por Pablo Francisco
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