-Menos mal que el próximo lunes no venimos- decía un compañero esta mañana.
La verdad es que este trimestre se hace muy duro para todos. Sobre todo para aquellos que entienden que enseñar lleva el compromiso de que los alumnos aprendan. Se nos paga para que lo que esneñanos les “entre” dentro de su cabeza.
Se gasta más energía en preparar las clases “para que quieran aprender”, que en explicar el temario de nuestra asignatura.
Es frecuente que en las conversaciones entre profesores sobre algún alumno se digan cosas parecidas a estas:
-Fulano primero tiene que querer aprender, luego yo ya le adaptaré la asignatura-
-Perengano no quiere y yo no soy su padre, primero que se ponga-
-Zutano se porta bien, no molesta pero no hace nada, yo no puedo forzarle a que estudie.-…
No piense nadie y menos si es profesor que vivo en el limbo, conozco de las dificultades de la tarea docente, pero cuando la familia no se ocupa de ellos pienso que los MAESTROS debemos hacer un poco más.
Este fin de semana escuche a Don Fidel algo que lo podemos aplicar a los profesores y quedaría así.
Los profesores sois como esponjas que van por los pasillos y las aulas. Las esponjas dejan un rastro, cada esponja deja el rastro que tiene: buen humor, indiferencia, preocupación por los demás, nada, vacío, compañerismo, cariño, mal humor, broncas, sonrisas, aparta que paso, te puedo ayudar…
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